Han transcurrido apenas 24 días desde que Abelardo de la Espriella asumió la presidencia de Colombia el pasado 7 de agosto, y el contraste en las formas, la gestión y la comunicación del Estado resulta inevitable. Lo que se observa desde afuera no es solo un cambio de nombres, sino una transformación profunda en la manera de entender el ejercicio del poder. En menos de un mes, el país ha pasado de la incertidumbre y la retórica de confrontación a un estilo que privilegia la ejecución, la seguridad y, sobre todo, el orden.

Un hecho, no menor, que muestra las diferencias más notables radica en el reconocimiento al valor de la mujer y la familia. Durante la campaña, sus opositores intentaron construir una narrativa que sugería una falta de respeto hacia la mujer por parte del entonces candidato. Sin embargo, la realidad de estos primeros días ha desmantelado ese prejuicio. De la Espriella no pierde oportunidad para exaltar y agradecer la labor de su esposa, Ana Lucía Pineda, dándole un lugar de relevancia en la vida pública que va mucho más allá del protocolo. Los gestos de afecto, el respeto evidente y el lugar que le otorga en su gobierno demuestran el valor fundamental que le da a la mujer en la sociedad, un contraste refrescante frente a un pasado reciente donde este rol social brilló por su ausencia y estuvo marcado por la distancia y el escándalo.

El orden ha regresado a la Presidencia de la República. Las reuniones presidenciales ya no se perciben como encuentros sin preparación o improvisados. Se nota una estructura clara: se sabe cómo empiezan, qué temas se abordan y, lo más importante, qué compromisos e informes resultan de ellas. Existe la conciencia de que cuatro años se van volando y no hay tiempo para perder en discusiones estériles. A pesar del conflicto natural que existió entre el gobierno entrante y el saliente, la actual administración supo mantener la marcha, apoyándose en la Contraloría General de la República como garante para asegurar que la institucionalidad no se detuviera. Este enfoque en la eficiencia y la trazabilidad de los avances es hoy una marca registrada de su gestión.

Ese mismo liderazgo se ha manifestado en la capacidad del presidente para reconocer el mérito ajeno. Lejos de pretender ser el único dueño de los elogios, De la Espriella ha sabido incluir a todos en los logros de estos primeros días. En el marco de la tragedia del terremoto, ha destacado públicamente la labor de diversos alcaldes y gobernadores, entendiendo que la reconstrucción es un esfuerzo colectivo. Esta humildad estratégica para compartir el éxito y sumar voluntades ha generado un ambiente de cooperación que el país no veía hace mucho tiempo.

En cuanto al respeto de la investidura presidencial, el cambio va mucho más allá de lo estético. Se trata del respeto a la figura de autoridad y la capacidad de articular y generar confianza en los diferentes sectores del país. El estilo caribeño del presidente, directo y genuino, ha servido para proyectar una imagen de liderazgo firme que se escucha y se atiende. No es autoritarismo; es la recuperación de la majestad de la presidencia como un espacio de confianza donde los gremios, la banca y la comunidad en general sienten que hay un rumbo definido y una cabeza que coordina con criterio.

La capacidad de gestión se puso a prueba casi de inmediato. El terremoto del 10 de agosto y los posteriores incendios forestales tomaron a todos con un equipo apenas engranando, pero la respuesta fue contundente. El lanzamiento del “Plan Milagro” para la reconstrucción demostró que el gobierno sabe responder bajo presión y con pragmatismo; lo que funciona se fortalece y lo que no, se elimina para restar fuerza a una burocracia que suele frenar el desarrollo.

En materia de seguridad, el viraje ha sido absoluto. La figura de la “paz total” ha sido sustituida por acciones directas contra la delincuencia que estaban represadas. La firma de 41 extradiciones en sus primeros 19 días y la ejecución de operaciones contra el secuestro y la extorsión son una muestra de que el control territorial ha vuelto a ser una prioridad para proteger el comercio y la vida de las personas.

Seguramente vendrán momentos para cuestionar y debatir leyes o presupuestos, pues todo gobierno se equivoca. Pero en estos primeros 24 días, lo que salta a la vista es un país que se une en solidaridad y un gobierno que ejecuta con una eficiencia que la oposición tendrá muy difícil de contrarrestar. Por ahora, el orden, el respeto y la acción han vuelto a ocupar el centro de la escena nacional.