Un niño fue rescatado con vida en Cali tras permanecer 32 horas atrapado bajo los escombros de una edificación colapsada por el sismo. El rescate se suma al de Daniela Largo, sacada con vida en Pereira después de más de 36 horas, y ha sido posible gracias al trabajo de perros de búsqueda entrenados para detectar señales de vida entre escombros, y de brigadas internacionales de rescate, entre ellas los Topos Azteca de México, que operan en el país desde los primeros días de la emergencia con experiencia acumulada en terremotos de varios países.
Cada rescate con vida más allá de las 24 horas se vuelve más significativo a medida que avanza la llamada «ventana de oro»: el período, generalmente calculado entre 48 y 72 horas según el tipo de estructura y las condiciones climáticas, en el que los organismos de búsqueda consideran más probable encontrar sobrevivientes con vida bajo los escombros. Pasado ese margen, las probabilidades de un rescate exitoso caen de forma pronunciada, lo que hace que cada caso confirmado dentro de esa ventana —como el del niño en Cali o el de Daniela Largo en Pereira— tenga un peso simbólico además del humano.
Estos casos, documentados con nombre propio en Cali y Pereira, contrastan con el cierre oficial de la fase de búsqueda ya declarado ese mismo día en el Chocó, donde las autoridades determinaron que la ventana de oro ya se había agotado. La coexistencia de ambas realidades —un departamento que cierra la búsqueda y dos ciudades que siguen sacando sobrevivientes con vida— resume bien el estado real de la emergencia a cuatro días del sismo: avanza a ritmos distintos según la zona, y ninguna cifra nacional única alcanza a contar esa diferencia.

