El mes de agosto ha traído vientos tristes para el periodismo de la capital bolivarense. Apenas horas después de asimilar el doloroso fallecimiento del comunicador Harrison Hernández, la ciudad recibió otro golpe sensible: la muerte de Nabil Báladi Gedeón, el hombre que soñó, fundó y le dio vida al Canal Cartagena.
Báladi, quien en los últimos meses se había mantenido al margen de la esfera pública, libraba una silenciosa pero dura batalla contra una delicada enfermedad. Pese a los esfuerzos médicos en un centro asistencial de la zona norte de la ciudad, el veterano hombre de medios cerró sus ojos para siempre, dejando un vacío inmenso en los pasillos de las salas de redacción y en los directorios corporativos de La Heroica.
Ingeniero industrial de formación, Báladi fue mucho más que un gerente. Quienes tuvieron el privilegio de compartir con él, ya fuera en una junta directiva o en la informalidad de un tinto, coinciden en que era una persona con quien resultaba fácil conversar por horas. Sentarse a hablar con Nabil era embarcarse en un viaje fascinante por la política, los deportes, la economía, la cultura y, claro está, los pormenores de la televisión y el periodismo. No hablaba desde la teoría lejana, sino desde la calle, las cifras y la gente. Era, en el sentido más estricto de la frase, un empresario que tenía la ciudad en su cabeza.
Su visión de ciudad no se limitó a las cámaras y a las parrillas de programación. Como miembro activo de diversas juntas directivas a nivel empresarial, impulsó el desarrollo local con un profundo sentido crítico. Ese mismo deseo de transformar la realidad cartagenera lo llevó a cruzar el puente hacia la arena política en 2019, cuando aspiró a la Alcaldía Mayor por el partido Polo Democrático Alternativo, defendiendo siempre sus convicciones con la misma pasión con la que defendía la independencia de su canal.
La partida de Nabil Báladi deja huérfana a una televisión local que él ayudó a forjar con pulso y resistencia. Se va el ingeniero, el excandidato, el gerente; pero queda en la memoria de los periodistas, técnicos, amigos y colegas la imagen del hombre de la conversación infinita, el que sabía cómo funcionaba cada engranaje de la ciudad y el que siempre estuvo dispuesto a darle una pantalla a las voces de Cartagena.
A sus familiares, allegados y a toda la familia del Canal Cartagena, un abrazo solidario. Paz en su tumba.

