Durante el foro «El río de la patria como eje económico y social», organizado por Cormagdalena, el gobernador de Bolívar, Yamil Arana, planteó que la recuperación de la navegabilidad del río Magdalena debe avanzar de la mano con la protección de las comunidades que habitan en sus orillas. «Si vamos a encauzar el río, debemos anticiparnos a los nuevos riesgos y proteger las orillas», dijo el mandatario, al pedir que cualquier proyecto de encauzamiento contemple desde el inicio medidas de prevención para las zonas ribereñas.

El Canal del Dique, brazo artificial que conecta al río Magdalena con el mar Caribe, es la pieza que enlaza esa arteria fluvial, que a su vez comunica a Barranquilla con el interior del país hasta Barrancabermeja, con las poblaciones costeras de Bolívar. Recuperar su navegabilidad, junto con la del Magdalena, abriría una alternativa de transporte fluvial de carga entre el centro del país y el Caribe, hoy dependiente casi por completo de las carreteras: mercancías que hoy se mueven en tractomulas podrían movilizarse por el río, con menor costo y menor impacto en las vías. Para las poblaciones de la cuenca, entre ellas varios municipios de Bolívar, un río más navegable también significa más movimiento turístico y una conexión más directa con los mercados del interior, en la línea de lo que Arana planteó como objetivo del proyecto: convertir al Magdalena «en un eje de conexión y desarrollo para las regiones», con generación de empleo y oportunidades económicas para los territorios que hoy dependen casi exclusivamente de la pesca y la agricultura de subsistencia.

El planteamiento del gobernador no es una objeción al proyecto, sino una condición para que sus beneficios lleguen sin dejar atrás a quienes viven junto al río: que la protección de las orillas y de las comunidades quede incorporada en el diseño técnico desde el principio, y no como una respuesta posterior a una emergencia.