El Nuevo Chambacú nació como una promesa de campaña del alcalde Dumek Turbay, que se materializó el 3 de enero de 2024, cuando la administración distrital puso en marcha la intervención de El Playón de Chambacú, un lote tradicionalmente asociado al abandono y la informalidad, a pocos metros del centro histórico. Desde ahí surgió la idea de conectar ese espacio con el centro de la ciudad. Turbay planteó desde entonces el proyecto como una ampliación del Parque Espíritu del Manglar, conectada mediante un puente peatonal, con el propósito de devolverle ese espacio a las familias cartageneras.

Para ejecutar la obra, la Alcaldía necesitó del aval del Concejo Distrital. El 30 de mayo de 2024 la corporación aprobó por unanimidad el Proyecto de Acuerdo 015, que autorizó al Distrito a comprometer vigencias futuras ordinarias para la recepción de bienes, obras y servicios durante 2025, un trámite indispensable porque el cronograma de construcción, estimado en 17 meses, superaba la vigencia fiscal de un solo año. Durante el debate, la Secretaría de Infraestructura explicó a los concejales el alcance del proyecto, con una inversión inicial cercana a los 47 mil millones de pesos, y se realizó una audiencia pública sin participación ciudadana. El concejal Carlos Barrios pidió a la Secretaría de Hacienda documentación sobre el impacto fiscal de la operación, un control que hizo parte del trámite ordinario de la iniciativa.

La recuperación del lote no fue solo un ejercicio de construcción. Buena parte del área contigua a los manglares estaba ocupada por asentamientos informales, entre ellos el sector de Las Pesebreras, donde varias familias llevaban años viviendo en condiciones precarias. En abril de 2024 el alcalde se comprometió con esas familias a preservar sus derechos durante el proceso de reubicación, y en marzo de 2025 el Distrito trasladó a 28 de ellas a viviendas nuevas en Pasacaballos, como parte de un trabajo articulado entre las secretarías de Participación, del Interior y el Cuerpo de Bomberos para despejar el espacio público antes de iniciar la construcción.

La primera fase del complejo, Ligas Menores, ya fue entregada el 15 de mayo de 2026 con el parque infantil más grande de la ciudad, el primer parque de mascotas de Cartagena, canchas de fútbol y senderos con más de 280 árboles sembrados. La fase 2, conocida como Ligas Mayores, alcanza ahora un 94 % de avance y sumará una cancha de fútbol principal, una cancha de softbol con graderías, dugouts y zonas técnicas, una cancha múltiple, un skate park, camerinos, baterías sanitarias y parqueaderos, además de un ecosendero entre manglares con un puente hacia la plazoleta de La India Catalina, en dirección al sector de Puerto Duro.

Lo que distingue a este proyecto de una obra aislada es el momento en que llega. Apenas en junio de este año la Alcaldía reabrió el Parque Apolo, en El Cabrero, tras 31 años sin una intervención integral, y lo integró al nuevo corredor turístico de Cartagena, que ya agrupa al Parque del Reloj Floral, el Parque Centenario y la Calle de la Media Luna en Getsemaní. Con el Nuevo Chambacú sumado a esa cadena de espacios recuperados, la ciudad empieza a consolidar una ruta continua entre el Castillo San Felipe y el centro histórico, algo que ninguna administración había logrado articular hasta ahora. El efecto esperado va más allá del deporte y la recreación: una zona que durante años funcionó como sinónimo de inseguridad y deterioro urbano gana ahora iluminación, vigilancia, arborización y flujo constante de residentes y visitantes, condiciones que en otros puntos de la ciudad ya han demostrado desplazar la percepción de riesgo simplemente por la presencia sostenida de gente.

El reto que le queda a la administración no es de infraestructura sino de comportamiento ciudadano. La sostenibilidad de estos espacios recuperados depende de que la comunidad los adopte como propios y los cuide, algo que ninguna obra garantiza por sí sola. A eso se suma un problema que persiste en este corredor, el de la movilidad en el puente de Chambacú, donde buses, motos, taxis, vehículos particulares y peatones se disputan a diario el paso sin que ningún actor ceda el derecho de vía, generando un nudo constante de vehículos mal estacionados, buses detenidos en plena calzada y una estación de mototaxis improvisada sobre carriles no habilitados para eso. El DATT trata de poner orden en la zona, aunque falta más mano dura, pero el patrón se repite semana tras semana, lo que confirma que el problema no se resuelve solo con sanciones puntuales sino con un trabajo sostenido de cultura vial en uno de los puntos de mayor tránsito mixto de la ciudad.